¿ En qué Clase de mundo viviremos depués de esta emergencia ? ¿ Vigilancia totalitaria vs empoderamiento ciudadano, y/o aislamiento nacionalista vs solidaridad global ?

Yuval Harari y el coronavirus: el gurú futurista alertó sobre los riesgos de un mundo que será completamente distinto después de la pandemia

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“La humanidad enfrenta una crisis global. Tal vez la más grande de nuestra generación. Las decisiones que la gente y los gobiernos tomen en las próximas semanas”, dice el artículo, “… no sólo formatearán nuestro sistema de salud, sino también nuestra economía, nuestra política y nuestra cultura”.

 

Y más allá de lo que puedan hablar muchos de los expertos mundiales, piense usted cómo ha cambiado su vida cotidiana, qué pensamientos y sentimientos ha tenido en estos días, cómo ha afectado a su familia o grupo más cercano, qué miedos e incertidumbres han aparecido como consecuencia de un mundo que cambió y una economía al borde del colapso. Una reflexión necesaria, considerando que aún estamos en medio de la batalla.

 

En situaciones de emergencia, comenta el autor de “De animales a dioses”, “Homo Deus” y “21 lecciones para el siglo 21”, las decisiones que normalmente llevan años de deliberación se toman ahora en cuestión de horas y tecnologías inmaduras e incluso peligrosas se ponen en servicio porque los riesgos de no hacerlo son aún mayores.

Naciones enteras, explica, hacen experimentos de gran escala que ni escuelas o universidades aceptarían tomar en tiempos normales.

Incluso la velocidad de toma de decisiones ha sido más efectivo en regímenes más bien totalitarios que en aquellos donde la democracia en la reina. Lo que representa una total contradicción en términos de las mejores escuelas de pensamiento del capitalismo de Milton Friedman, donde todo lo regula el mercado, pues bien la noticia es que tenemos una economía de libre mercado al borde del colapso, con varias corporaciones multinacionales solicitando rescate a sus respecticos gobiernos, en el extremo finalizando esta crisis, podríamos tener un estado dueño de varias de las empresas más grandes del mundo.

 

Según Yuval Harari, las dos opciones más importantes del momento son entre “vigilancia totalitaria o empoderamiento de los ciudadanos” y “aislamiento nacionalista o solidaridad global”.

 

En la extensa nota realizada en Financial Times, el autor explica que las actuales técnicas de vigilancia permiten a los gobiernos apoyarse en sensores ubicuos y algoritmos de inteligencia artificial en vez de espías humanos y que en la batalla contra el coronavirus se han desplegado nuevas herramientas, aprovechando la “ventana de oportunidad”.

 

Al respecto, da el ejemplo de China, que mediante el monitoreo de smartphones y el uso de millones de cámaras de reconocimiento facial y obligando a los chinos a chequear y reportar su temperatura corporal y condiciones médicas logró detectar no sólo a los portadores del virus sino también trazar sus movimiento e identificar a todos con quienes estuvo en contacto.

 

Al mejor estilo de una de las temporadas de Black Mirror de la exitosa serie de Netflix, donde la tecnología gobierna en extremo todos los aspectos de la vida cotidiana.

 

La Sensorización – un ejemplo de uso extensivo de la tecnología – de la ciudad se vuelve casi una medida popular que todos los ciudadanos solicitan en paralelo a los cacerolazos que hemos visto en España y en varios países de Latinoamerica, para exigir medidas tan antipopulares como el estado de sitio y el control total de cada posible infectado. La normalidad ahora es solicitar la anormalidad.

 

Una de las claves del análisis de Yuval Harari es que ahora gobiernos y corporaciones tienen a su disposición herramientas antes impensadas. “Si no somos cuidadosos, la epidemia puede marcar un hito en la historia de la vigilancia -advierte- no tanto porque podría normalizar el despliegue de herramientas de vigilancia masiva en países que hasta ahora las han rechazado, sino más bien porque representa una dramática transición de vigilancia ‘sobre la piel’ a vigilancia ‘bajo la piel’ 

 

Hasta ahora, explica, cuando el dedo de una persona tocaba la pantalla de un smartphone o clickeaba un link en una tablet o computadora, el gobierno podía saber qué estaba tocando. Con el coronavirus, ahora también quiere saber la temperatura del dedo y la presión sanguínea debajo de de su piel.

 

El uso masivo de esas técnicas permitirá en un futuro cercano que gobiernos y corporaciones sepan si una persona está enferma, antes que la propia persona, y dónde y con quiénes estuvo. En tiempos de crisis, reconoce, estas tecnologías acortan drásticamente el tiempo para detectar cadenas infecciosas e incluso cortarlas de plano.

Eso es maravilloso, reconoce, pero puede legitimar un temible sistema de vigilancia en el que gobiernos y corporaciones no sólo podrán saber las preferencias políticas de un ciudadano, sino también sus reacciones emocionales al mirar, por ejemplo, un videoclip, lo que les permitirá vigilarlo y manipularlo mejor.

 

En una crisis como la actual, ciertas herramientas permiten acortar drásticamente la detección de cadenas infecciosas, pero también pueden legitimar que en el futuro gobiernos y corporaciones vigilen no sólo las preferencias políticas de los ciudadanos sino que también puedan conocer y manipular las reacciones emocionales de los ciudadanos

“El enojo, la alegría, el aburrimiento y el amor son fenómenos biológicos, como la fiebre y la tos. La misma tecnología que identifica un estornudo puede identificar una sonrisa. Si los gobiernos y las corporaciones empiezan a acumular nuestros datos biométricos en masa, llegarán a conocernos mejor que nosotros mismos y podrán no sólo predecir nuestros sentimientos, sino también manipularlos y venderlos, lo que quieran: sea un producto o un político”, dice un pasaje, y sitúa un imaginario 2030 en Corea del Norte, en el que el gobierno, obligando a los ciudadanos a usar pulseras biométricas las 24 horas del día, sabe al instante de la furia de alguien ante una determinada frase o gesto de “el gran líder”.

 

Como ejemplo de la tendencia de los gobierno a extender emergencias, Harari recuerda que su propio país, Israel, aún no abolió las leyes de emergencia de 1948, durante la guerra de Independencia. Incluso si las infecciones de coronavirus se reducen a cero” -señala- algunos gobiernos “hambrientos de datos” mantendrán la vigilancia biométrica por si surge algún nuevo virus. La batalla de la privacidad puede perderse, dice, porque cuando hay que elegir entre privacidad y salud, habitualmente se elige la salud.

 

Ese planteo, dice, es la raíz del problema, porque es un falso dilema. Mejor que parar el coronavirus con sistemas de vigilancia totalitarios, plantea, es hacerlo empoderando a los ciudadanos, como hicieron Corea del Sur, Taiwán y Singapur, que usaron mecanismos de trazado de ciudadanos, pero se apoyaron mucho más en el testeo masivo y el reporte voluntario de una ciudadanía bien informada y dispuesta a cooperar. Según Harari, cuando a la gente se le dicen los hechos científicos y la gente confía en las autoridades que se lo dicen, puede hacer lo correcto sin que el “Gran Hermano” la vigile. “Un pueblo motivado y bien informado es mucho más poderoso y efectivo que un pueblo vigilado e ignorante”.

 

Como ejemplo, cita el lavado de manos, “uno de los más grandes avances en la historia de la higiene”, que salva millones de vidas cada año, pero cuya importancia fue descubierta recién en el siglo XIX, al punto que antes ni siquiera médicos y asistentes sanitarios se lavaban las manos incluso después de una operación. Gente bien informada se lava las manos, dice, porque entiende porqué debe hacerlo.

 

Uno de los problemas, añade, es que para lograr esa cooperación “la gente necesita confiar en la ciencia, confiar en las autoridades públicas y confiar en los medios”.

Pero, se lamenta, “políticos irresponsables han deliberadamente socavado la confianza en la ciencia, en las autoridades públicas y en los medios”. Ahora, prosigue, “esos mismos políticos irresponsables podrían estar tentados de tomar el camino del autoritarismo, argumentando que no se puede confiar en que la gente haga lo correcto”.

 

Un plan global

En cuanto a la opción entre aislamiento nacionalista y solidaridad global, Harari afirma que así como la pandemia y la crisis económica resultante son “problemas globales”, sólo pueden ser resueltos mediante la cooperación global. Para ello, sigue, es necesario compartir la información, que define como “la gran ventaja de los humanos sobre un virus”.

 

En ese sentido, llama a confiar más en la información que aporten los científicos y expertos en salud más que en las teorías conspirativas y políticos autoreferenciales. Como ejemplo de cooperación cita la distribución, basada en la información sobre las diferentes situaciones de los países a medida que pasan las semanas, no sólo de información, sino también de equipamiento médico e incluso de médicos, lo que requiere un acuerdo global sobre el movimiento de pasajeros, para permitir el desplazamiento de “viajeros esenciales”, mediante un sistema de monitoreo de los mismos, de modo que quienes viajen no teman compartir travesía con otros pasajeros.

Estadio Vacío 2020

Un jugador del Borussia Dortmund en encuentro de la Champions League 2020 contra Paris Saint Germain con el estadio totalmente vacío refleja el impacto del Corona Virus, situación que luego veríamos replicadas en muchos eventos deportivos a nivel mundial (prácticamente en todo el mundo y todo tipo de eventos).

 

En cuanto al frente económico, Harari apunta que dado el carácter global de la economía y las cadenas de aprovisionamiento, si cada gobierno actúa por las suyas ignorando a los demás, el resultado será el caos y una crisis económica más profunda. Por eso, dice, se necesita “un plan global”.

Desafortunadamente, no es lo que está sucediendo, ya que una “parálisis colectiva” se apoderó de la comunidad internacional. Ejemplo de eso es que el G7 apenas logró organizar un videoconferencia la semana pasada, de la que no surgió plan alguno.

Al respecto, Harari critica severamente al actual gobierno de EEUU. En crisis previas, recuerda, como la financiera de 2008/09 y la epidemia de Ébola de 2014, EEUU asumió ese rol, que Donald Trump abdicó, dice porque “le importa más la grandeza de América que el futuro de la humanidad”.

Incluso si EEUU cambia de enfoque, dice Harari, será difícil coordinar un plan global con un líder “que nunca se hace responsable, que nunca admite errores y que usualmente se atribuye todos los méritos a sí mismo y la culpa a los demás”. Si el vacío que dejó EEUU no es llenado por otros países no sólo será más difícil parar la epidemia, sino que su legado será envenenar las relaciones internacionales por muchos años, señala.

Cada crisis es también una oportunidad y es posible que la actual epidemia ayude a la humanidad a entender el agudo peligro de la falta de unidad global, concluye Harari, quien plantea la opción entre “recorrer la ruta de la desunión o adoptar el camino de la solidaridad global; si elegimos la desunión no sólo se prolongará la crisis, sino que habrá otras peores en el futuro. Si elegimos la solidaridad, no sólo lograremos la victoria contra el coronavirus, sino contra futuras epidemias y crisis que puedan amenazar a la humanidad en el siglo XXI”.

 

Las Oportunidades – Un Mundo cada vez más digital

Si antes de esta crisis mundial sanitaria ya se hablaba de la relevancia de los proyectos de transformación digital y lo urgente de digitalizar los procesos de negocios, hoy esa urgencia prácticamente se convirtió en una posibilidad concreta de subsistencia, aquellos negocios que tienen más procesos en línea y su capacidad laboral mejor se maneja con herramientas de colaboración a distancia, han sido uno de los aspectos claves para enfrentar la crisis y los impactos profundos en la continuidad del negocio.

Y no me refiero solamente a digitalizar el sector privado, queda en evidencia que un gobierno digital beneficia enormemente al bienestar de toda la población, solo piense en los cientos de trámites digitales que se han necesitado realizar en la crisis del corona virus, trámites de licencias médicas, salvoconductos en línea que permiten a las personas salir en horas de excepción, consultas en línea para pre diagnósticos, compra de medicamentos en línea, votaciones a distancia para los políticos que ya no pueden sesionar, consultas directas de los alcaldes o gobernadores a los ciudadnos de sus ciudades, disponibilidad de plataformas de elearning para los colegios públicos, etc, etc.

En el sector privado también se evidencia un mundo de oportunidades, muchos gerentes IT han ensayado mil veces lo que denominan Plan de Recuperación ante Desastres (DRP por sus siglas en inglés), pero digamos que casi ninguno de ellos estaba preparado para enfrentar una verdadera crisis, muchos servicios intensivos en call center no han sido capaces de habilitar puestos de trabajo en modalidad de teletrabajo, porque simplemente la política de creación de VPN no existía o el trámite administrativo era de otra época, transacciones online como transferencias bancarias también han fallado, y lo que acostumbrábamos a tener como una banca online sólida, en varios casos nos dimos cuenta que tampoco son tan “online” y son propensas a fallas,  y así suma y sigue.

Sin duda, tal como señala y concluye Harari, el mundo cambió – la verdad está todavía en pleno proceso de cambio – y vamos a tener un nuevo escenario post Corona Virus, quizás enfrentando una recesión mundial con muchas de las fuentes laborales destruidas , aquí es donde lo estados deben representar el sentimiento colectivo de los ciudadanos que han confiado en ellos, y los empresarios enfrentando la crisis con la mejor característica que los ha llevado donde están hoy día, el emprendimiento, la capacidad de ganar a la adversidad, recobrando el verdadero espíritu de emprendimiento y de RESILIENCIA con mayúscula.

 

 

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