Cryptoeconomía. Tecnología y economía para un “mundo digital” y una “democracia participativa directa”

Por siglos nuestras economías han sido totalmente centralizadas, independiente de los distintos modelos económicos implementados en cada país, desde modelos totalitarios hasta las democracias más abiertas han definido entidades que controlan y centralizan la vida ciudadana y el quehacer privado. Estas entidades centrales, como por ejemplo los bancos centrales, el parlamento, superintendencias, bancos, servicios de registro civil, organizaciones de beneficencia, etcétera, han permitido agregar “confianza” para realizar distintos tipos de transacciones a nivel de las personas y también a nivel de las instituciones, ya sean pública o privadas y también la combinación de las mismas.

Un ejemplo concreto son las instituciones gubernamentales que controlan el registro de identidad en cada país, cada uno de los ciudadanos del mundo tiene asignado un registro de identificación, que permite asegurar su identidad, procedencia, fecha de nacimiento, linaje familiar, y varios atributos adicionales que permiten interactuar a ese individuo en el escenario público y privado. Este tipo de instituciones centralizadas, sin duda, ha traído muchos beneficios a la humanidad. Sin embargo, por otro lado la centralización de actividades privadas, como son las transacciones bancarias por citar solamente un ejemplo, han creado una dependencia total de esas instituciones con prácticamente cada transacción monetaria que podemos realizar.

Piense cada vez que necesita realizar un pago, transferencia de dinero, obtener dinero en efectivo, solicitar un crédito, necesita de un “tercero” que autorice dicha transacción, puede parecer evidente que es lo que se requiere para asegurar que esa transacción tenga validez. Esa “validez” la transferimos a un tercero, en este caso el Banco, ya que necesitamos un “intermediario” que nos permita establecer “una confianza” entre las partes que requieren realizar una transacción, pero ¿ qué sucedería si esa “Confianza” la pudiese aportar la tecnología ? y, así evitar la intermediación de entidades centralizadas y permitir una “nueva economía descentralizada” donde podamos realizar transacciones peer to peer (de persona a persona) y “una participación democrática directa” en cada decisión de entidades gubernamentales y de la vida diaria de los ciudadanos, la Cryptoeconomía será la base para construir esa nueva “Economía Digital”.

La Cryptoeconomía reúne los campos de la economía y la informática para estudiar los mercados descentralizados y las aplicaciones que se pueden construir combinando la criptografía con incentivos económicos que motiven la participación peer to peer para diversos tipos de transacciones y sin necesidad de utilizar intermediarios. En redes donde la confianza, seguridad, transparencia y veracidad de la información no está dado por la confianza de los individuos, sino más bien en la tecnología que permite generar dicha confianza.

La cryptoeconomía se centra en la toma de decisiones individuales y la interacción estratégica entre diferentes participantes en un ecosistema digital (por ejemplo, ciudadanos, consumidores, proveedores de recursos clave, desarrolladores de aplicaciones, etc.), y utiliza metodologías del campo de la economía, como la teoría de juegos, diseño de mecanismos e inferencia causal: para comprender cómo financiar, diseñar, desarrollar, facilitar las operaciones y alentar la adopción de mercados descentralizados y servicios relacionados con distintos tipos de activos digitales – en definitiva cualquier cosa, objeto, transacción del mundo real, lo podemos llevar a digitalizar como un “activo digital” –

La tecnología detrás de la gran disrupción de la “descentralización” y la “nueva economía digital” se llama Blockchain.

Blockchain es una tecnología que nace a partir de la crisis subprime del año 2007, con el desplome de las bolsas mundiales por los conocidos “bonos basura” de las hipotecas y que generó un impacto económico a nivel mundial en una de las recesiones más grandes de la historia. La crisis financiera y el desplome económico desde el 2008 hasta el 2015 fue responsabilidad directa del sector financiero de Estados Unidos , pero debido al nivel de globalización económica tuvo un efecto dominó en todo el globo.

La crisis hipotecaria, implicó numerosas quiebras financieras, nacionalizaciones bancarias, constantes intervenciones de los Bancos centrales de las principales economías desarrolladas, profundos descensos en las cotizaciones bursátiles y un deterioro de la economía global real, que ha supuesto la entrada en recesión de algunas de las economías más industrializadas.

El año 2008 como respuesta protesta a todos los organismos financieros responsable de este desplome económico, Satoshi Nakamoto crea la primera red descentralizada peer to peer de dinero electrónico llamado BITCOIN , el cual permite realizar transacciones de dinero electrónico de persona a persona sin ningún tipo de intermediario, conservando el anonimato, la confianza entre las partes, la seguridad y transparecia que cada transacción es totalmente verificable. Iniciándose así una nueva era de lo que llamamos Cryptoeconomía basada en la tecnología Blockchain que permite tener “Registros de la Verdad Digital“.

Con la tecnología Blockchain se están implementado una serie de casos de uso que potencian las “economías digitales” y la Cryptoeconomía descentralizada. Desde los conceptos de la identidad digital auto soberana (donde los ciudadanos somos dueños de toda la información digital y podemos disponer de ella en función de nuestras necesidades), participación ciudadana directa a partir de votos electrónicos registrados en las cadenas de bloques, transacciones de activos digitales (tokens digitales), Los tokens son representaciones de valor basados en Blockchain. Token en español significa ‘Ficha’, los tokens son ‘fichas’ digitales que representan algo. Si tienes una ficha de este tipo, entonces posees una acción en una empresa o determinada cantidad de dinero fíat o incluso un bien raíz.

 

Creando una transición realmente disruptiva, desde la internet de la información que conocemos hasta el momento al concepto de Internet of Value, donde prácticamente podemos digitalizar cualquier tipo de activo para intercambiar su valor a través de las cadenas de bloques, que nos dan seguridad, veracidad, inmutabilidad, transparencia y trazabilidad.

 

Iniciativas como DAO (Decentralized Autonomous Organization – Organizaciones Autonomas descentralizadas).

Los DAO abordan un antiguo problema de gobernanza, al que los politólogos y economistas se refieren como el dilema principal-agente. Esto ocurre cuando el agente de una organización tiene el poder de tomar decisiones en nombre del director o que lo impacta: otra persona o entidad de la organización. Ejemplos de esto podrían ser gerentes que actúen en nombre de los accionistas o políticos que actúen en nombre de los ciudadanos. En tales configuraciones, el riesgo moral ocurre cuando una persona toma más riesgos de lo que normalmente lo harían, porque otras corren con el costo de esos riesgos. En términos más generales, ocurre cuando el agente actúa en su propio interés en lugar del interés del principal porque el principal no puede controlar completamente las acciones del agente. Este dilema generalmente aumenta cuando hay asimetría de información subyacente en juego. La Crisis Subprime y el consecuente debable financiero mundial es el mejor ejemplo de como muchos ejecutivos C-Leveal actuaron como agentes perversos y sin escala de valores, solamente los movilizó la avaricia y el engaño.

 
Organizaciones tradicionales VS. DAOs

En las empresas tradicionales, todos los agentes de una empresa tienen contratos de trabajo que regulan su relación con la organización y entre sí. Sus derechos y obligaciones están regulados por contratos legales y aplicados por un sistema legal que está sujeto a la ley vigente del país en el que residen. Si algo sale mal, o alguien no cumple con su parte del trato, el contrato legal definirá quién puede ser demandado por qué en un tribunal de justicia.

Los DAO, por otro lado, involucran a un conjunto de personas que interactúan entre sí de acuerdo con un protocolo de código abierto autoejecutable. Mantener la red segura y realizar otras tareas de red se recompensa con los tokens de red nativos. Las cadenas de bloques y los contratos inteligentes reducen los costos de transacción de la administración a niveles más altos de transparencia, alineando los intereses de todos los interesados ​​por las reglas de consenso vinculadas al token nativo. El comportamiento individual se incentiva con una ficha para contribuir colectivamente a un objetivo común. Los miembros de un DAO no están vinculados por una entidad legal, ni han celebrado ningún contrato legal formal.21

En cambio, están dirigidos por incentivos vinculados a los tokens de red y reglas totalmente transparentes que están escritas en el software. , que se aplica por consenso de la máquina. No hay acuerdos bilaterales. Solo hay una ley vigente, el protocolo o contrato inteligente, que regula el comportamiento de todos los participantes de la red.

 

A diferencia de las empresas tradicionales que están estructuradas de arriba hacia abajo, con muchos niveles de gestión y coordinación burocrática, los DAO proporcionan un sistema operativo para personas e instituciones que no se conocen ni confían entre sí, que podrían vivir en diferentes áreas geográficas, hablar diferentes idiomas y, por lo tanto, estar sujeto a diferentes jurisdicciones. En lugar de contratos legales que gestionan las relaciones de las personas, en la Red Bitcoin, todos los acuerdos tienen la forma de código de código abierto que se hace cumplir por consenso de la mayoría de todos los actores de la red. 

 

Los DAO no tienen una estructura jerárquica, excepto el código. Una vez desplegada, esta entidad es independiente de su creador y no puede ser censurada por una sola entidad, sino por una mayoría predefinida de los participantes de la organización. Las reglas de mayoría exacta se definen en el protocolo de consenso o en el contrato inteligente, y variarán de un caso de uso a otro. En algunos países, como Austria, por ejemplo, hay tendencias en la literatura legal para ver a los DAO como una asociación de derecho civil.

 

Sin duda las “economías digitales” de la Cryptoeconomía resultantes requieren la definición de una política monetaria, fiscal, de privacidad e innovación. Además, necesitan una gobernanza efectiva para garantizar que los encargados del mantenimiento de la plataforma puedan actualizar los protocolos de software subyacentes con el tiempo en respuesta a los cambios en el entorno, la tecnología o las necesidades del mercado. Para ello existen iniciativas como Hyperledger, que representa un consorcio empresarial para abordar las distintas iniciativas de Blockchain atreves de la colaboración y la filosofía de open source, para implementar distintos casos de uso empresariales y de organismos públicos e incentivar un ecosistema de innovación abierto para avanzar en la Cryptoeconomía.

 

Es fascinante comprobar que ya existen iniciativas gubernamentales en Estonia y Dubai (por nombrar algunas) que están fomentando gobiernos totalmente digitales centrados en el bienestar de los ciudadanos, a partir de la tecnología Blockchain y otras tecnologías habilitantes.

 

No se trata solamente de tener una mirada tecnócrata y simplista de la gran panacea tecnológica, pero claramente estamos ante la presencia de una tecnología que puesta al servicio de la humanidad puede implicar cambios maravillosos para un nuevo “mundo digital” más inclusivo, más transparente y de participación directa de los ciudadanos, evitando así intermediarios que muchas veces operan con intensiones maliciosas o por lo menos teniendo un accountability – lo mencionó así, ya que es tan utilizado en el sector empresarial – que permita evidenciar sus comportamientos y en consecuencia su directa intervención.

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